EL OJO MAS CAPRICHOSO
Es el fotógrafo indiscutido del planeta Hollywood y las estrellas del espectáculo, obedientes, se someten a sus designios. El próximo viernes estará en la argentina para inaugurar su exposición en el Malba.
Y a es una leyenda. Y para estar a la altura del mito creado en su nombre, David LaChapelle oculta los datos que podrían dar pistas precisas sobre su origen. Se supone que nació a mediados de los '60 en Fairfield, Connecticut (EE.UU.) y que pasó su infancia en Carolina del Norte. La leyenda dice que sacó su primera fotografía a los 6 años, aunque él aclara que sólo pulsó el disparador. Su mamá, Helga, inmigrante lituana, era una fotógrafa amateur que arreglaba a la prole y la hacía posar para el inmortal álbum familiar.
Sería prematuro confiar en la inmortalidad de la apuesta estética de su hijo, pero lo cierto es que la crítica mundial señala su obra como ineludible en el panorama artístico contemporáneo. Y el aludido -fotógrafo top de la moda y la publicidad, de notable influencia en el formateo visual de millones de lectores y televidentes reconoce que debe a su madre el gusto por fotografiar mujeres que se le parecen. "Era una mujer muy bella y muy sexy, parecía una actriz" , le contó hace meses a una revista italiana. Súper modelos e íconos del estereotipo masivo de "mujer" como Madonna, Courtney Love, Angelina Jolie, Cristina Aguilera, Pamela Anderson, Paris Hilton, Whitney Houston, Britney Spears responden a su personal axioma: "De una mujer prefiero un rostro a la Dietrich y un físico súper femenino". Una regla que sigue aun cuando se lo tacha de misógino o cuando retrata (y en abundancia) a la travesti Amanda Lépore.
Y aunque unas pocas estrellas del pop rehusaron someterse a su impredecible libertad creativa (le encantaría fotografiar a Michael Jackson, dice) su fama ha hecho que hasta Hillary Clinton cayera en la tentación de un retrato' suyo.
Su voz, entrecortada, expresa regocijo con la anécdota: "Era el último día de la presidencia Clinton. Al día siguiente asumía como senadora y estaba llena de ocupaciones. Parece más una vendedora de bienes raíces que una primera dama. Llamé a la foto siglo XXI porque daba la idea de que podía ser la próxima presidenta. Hubo muy poco tiempo para la producción así que puse una manzana como único elemento de utilería. Y la manzana implica la tentación y la caída de Adán. Adán y Eva como metáfora de su pareja".
El fotógrafo preferido de los astros del planeta Hollywood ha creado a partir de ellos su propio mundo: el planeta LaChapelle. O mejor, el Sol, alrededor del cual orbitan, obedientes, los astros menores.
¿Sus mejores modelos?
Es difícil cada uno aporta algo distinto y creo que eso es lo que hace interesante el trabajo. Las fotos son una colección de diversidad. En realidad, es una colección de las personas que conforman la cultura mundial. Yo trato de fotografiar a todos los que me importan y trato de documentar a todos aquellos que me parecen interesantes.
No nombrará ningún famoso. Pero basta hojear sus libros LaChapelle land (1996), Hotel LaChapelle (1999) y Heaven to Hell (2006)- para calcular el peso de su nombre. Un peso medible por su capacidad de sorprender.
¿Qué cosas y qué personas tienen la capacidad de maravillarlo?
Siento que todos pueden maravillarme. Me fascinan infinitamente las personas, famosas o no: marginados, como las personas que aparecen en mi película documental Rize. No hago distinción con personas así. Todas las personas me parecen tan interesantes que no hay unas que me parezcan más interesantes que otras, categóricamente hablando. Mi interés fotográfico por la gente es personal. Cuando me acerco a un sujeto siempre tengo intuiciones y sentimientos, antes que planteas intelectuales. De esa forma, a todos los trato muy democráticamente porque me acerco a cada sujeto como si todos tuvieran la misma importancia.
Las revistas más reconocidas asumen como un mérito su huella: Vogue Italia, Rolling Stone y Vanity Fair, entre otras. Pero su talento desborda los límites de los magazines y la publicidad (hizo la campaña, entonces muy polémica, de Diesel, en la que dos marineros se besan en el puerto de San Francisco). Creó las portadas de discos de músicos como Macy Gray y Moby, los videos de tantos otros como Robbie Williams y Norah Jones y hasta un documental sobre el gueto negro de Los Ángeles, Rize (también programado en el Malba).
Ante Viva desmiente su trascendencia con modestia convincente: "No creo demasiado en la fama, me parece temporaria como todo lo demás. Soy muy feliz con muy poco. La naturaleza, el aire puro, el agua potable y la comida siempre han sido lujos y no nos tomamos el tiempo para apreciarlos. No me sentía pobre cuando no era exitoso desde el punto de vista financiero y ahora no me siento rico. Nunca fue mi motivación ni mi objetivo. Para mí el objetivo es siempre crear".
Para poder crear escapó del ambiente aldeano de su adolescencia. Dejó así un pasado traumático: es difícil ser talentoso y homosexual en cualquier pequeño pueblo. La contención de sus padres (se conocieron trabajando en una fábrica de tabaco) fortaleció su autoestima, una herramienta fundamental para alguien de tan alta exposición.
"Desde que estaba en la escuela tomé las criticas como un catalizador, un fuerte motivador para crear. Siempre tomé la negatividad como un aliento. La uso como uso todo lo que me rodea para excitarme. Es gracioso, porque la crítica me alienta de una manera curiosa. Trabajé durante muchos años en la cultura popular sacando fotos a famosos y mucha gente me decía, en ese tiempo, que el trabajo era frívolo y efectista. Por alguna razón, las críticas no me lastiman porque no tienen nada que ver conmigo y yo sé que no son mis intenciones, ni mis objetivos. También durante muchos años le hice fotos a gente común. Sé que tengo todo tipo de potencial y mucho para avanzar."
Entonces, ¿qué considera un elogio?
Que la gente descubra los matices o el contenido oculto en mis fotos. Antes de volver temporariamente a la casa familiar para estudiar en la Escuela de Bellas Artes, se fue-como buen aldeano- a Nueva York. Allí, en el exclusivísimo Vip de la disco Club 54 ("bastaba ser joven, atractivo y estar bien vestido para entrar") encaró a Andy Warhol. Tenía 17 años y le dijo que le encantaría trabajar para su revista, interview. Warhol dijo sí y LaChapelle sacó su primera foto a los Beasti Boys en Times Square.
Además del valioso padrinazgo y de una indudable herencia estética, LaChapelle obtuvo de Warhol su última foto, tomada dos semanas antes de morir. Sería una de las tantas muertes que signarían su juventud, no muy distinta de cualquier otra transcurrida en la escena gay de los '80. Ese tránsito biográfico desmiente la etiqueta glamorosa y boba que clasifica el período: "Fue como vivir una guerra", describió. En esa época, además de amigos y colaboradores, perdió a su novio, un joven bailarín, víctima del sida.
Sin embargo, en el planeta LaChapelle las penas parecen siempre de los otros. Se maquillan con colores furiosos y se disfrazan de personajes estrambóticos. En ese planeta hay escenografías kitsch, composiciones híper rebuscadas, cuerpos desnudos, referencias pornográficas, insinuaciones sadomasoquistas, animales mitológicos y siempre una atmósfera irónica.
"Es una verdadera máquina de fabricación de conceptos visuales que son diseminados hacia todos los medios contemporáneos", lo define Eva Grinstein, la curadora de la muestra en el Malba, Del cielo al infierno. Bellezas y desastres", desde el próximo viernes hasta el 21 de mayo. El dispositivo LaChapelle está montado sobre la idea de extraer el máximo de belleza de un mundo que se resiste a ella. Eso explica por teléfono desde Los Angeles, EE.UU., donde vive y trabaja, mientras prepara su viaje a la Argentina:
"Siento que ya hay suficiente oscuridad en el mundo. No he querido crear más. Es difícil decirlo, pero en términos muy simples, a veces me parece que hay mucha confusión y oscuridad. Mis primeras fotos fueron una alternativa a eso, eran una huida momentánea hacia un lugar fantástico y mejor."
Opacado por los nuevos aires estéticos que impusieron la simpleza como valor, LaChapelle sigue ocupando un lugar importante.
¿Cómo se lleva con el minimalismo? Trabajo intuitivamente. Cuando descubro que estoy reaccionando demasiado a las ideas y movimientos actuales del arte termino haciendo algo más estereotipado de lo que me gusta. Yo quiero que mis fotos sean intuitivas y trato de ser más como un niño en el proceso creativo y de aferrarme a la idea de sentir en lugar de pensar.
¿ Cómo se siente en el planeta LaChapelle? Bueno, él dice que muchas de sus ideas surgen de la fase maníaca de su desorden bipolar. ¿Habrá que adjudicar a esa enfermedad psíquica las imágenes donde modelos refinadas aparecen indiferentes al desastre que las rodea? Tienta vincular esos ecos del cine catástrofe y su serie de polémicas fotos religiosas: una Piedad en la que Courtney Love toma en brazos a un Cristo igual a Kurt Cobain o una Ultima cena entre raperos.
¿Qué hace para que su vida sea más un paraíso que un infierno?
Creo que tenemos el potencial de crear uno u otro. Trato de vivir de una manera sincera para tener más un cielo que un infierno. Cuando pienso en el paraíso, pienso en la naturaleza y en la creación.
Texto Ana Laura Pérez